
No ha sido el primer huracán que he enfrenado sola, me tocó recibir a Emily, no sin antes escuchar una cátedra acerca de los huracanes, en específico, Gilberto, por parte de las "doñas" que son oriundas de aquí, regias-regias!.
En esta ocasión, al escuchar la alerta, y el saber que de nuevo me tocaría estar sin mi marido, que con el dolor de su corazón tuvo que dejar su casa por ir a trabajar lejos, tomé las medidas necesarias (surtir la despensa, comprar velas, linterna, baterías, etc) y aunque la gente de la caja me veía con ojos de juicio por verme un poco exagerada, el día de hoy estoy agradecida de haber recibido la suficiente iluminación para hacerlo.

El día llegó, por la noche se esperaba que Alex tocara tierra, en casa, como hormiga, comencé a hacer los preparativos: llenar garrafones, jarras y cuanto recipiente encontré con agua, sacar velas y ponerlas a la vista, sacar cubetas al patio para que se llenaran con agua de lluvia, asegurar ventanas, etc. Me sentía preparada, total, iba a ser como Emily, hace 5 años, con un viento azotador, algo de lluvia y aire violento. Para mi sorpresa, esta vez fué diferente. Desde el martes 29 de Junio, por la noche, comenzó la lluvia, la cual se prolongó, sin yo saberlo en ese entonces, hasta la madrugada del 2 de Julio. Las primeras horas conservé la calma, no había de qué preocuparse, tenía todo y casi casi sabía el procedimiento; lluvia, viento, lluvia y calma. La lluvia seguía y el viento no llegó. Este fenómeno ya pintaba diferente. Mucha, muchísima lluvia. Encendí la tele, los noticieros locales reportando que cada vez crecía más el nivel de agua del Río Santa Catarina, arrasaba con lo que encontraba a su paso. Lluvia, más lluvia. Hasta que escuché a los reporteros decir: Pensé que esto no se iba a repetir. Si, pasó lo temido por la noble y trabajadora gente regia, el Río salía de su borde (trazado por el hombre) y comenzaba, en palabras de la informante, a reclamar lo que es suyo: las arterias principales de Monterrey. Mis ojos, y creo que los del resto de los habitantes, no daban crédito a lo que estaban viendo. Calles devoradas por la furia del agua, puentes sobrepasados por la corriente furiosa, pavimento tan reblandecido por la precipitación, que comenzó a desaparecer. La ciudad, oficialmente, así como todo Nuevo León, estaba declarado Zona de Desastre. Ya era tarde y se acercaba la noche, y junto con ella me vinieron sentimientos de nervios, soledad, ansiedad, pánico, miedo...
Las noticias no ayudaban, pasaban el reporte de personas arrastradas por la corriente, colonias (cerca de la mía) en peligro extremo, habitantes desalojados que tuvieron que ir a refugios instalados por el municipio, cortes de luz y agua. Mientras llovía y llovía.

Apresurada saqué una maleta, ¿qué podía hacer? comencé por introducir documentos importantes, algo de ropa y las cosas para lo sobrevivencia de mi fiel compañerito al cual no pensaba abandonar: Snoopy, quien con sus ojitos me seguía, pero su cuerpecito regordete descansaba en el confort de la cama, la cual piensa que es de su propiedad y nos la presta para dormir.
Se fué la luz, comenzaron las llamadas cargadas de asombro y preocupación por parte de la familia. La situación era peor de lo que ellos creían. Por dentro, me moría de miedo! De haber estado abierta la carretera, ¡me hubiera ido a "mi rancho" sin pensarla!, pero siempre hay que conservar la calma, sobre todo, cuando uno trata de transmitir serenidad a los demás. No me podía desplomar porque mi casa dependía de mi. Casi no pude dormir; me sentía insegura, debido a la falta de luz, no funcionaba la alarma, y se que en estos casos, la gente se desespera a tal grado que comienzan los despojos y la violencia. Prendí mi linterna, recorrí cada rincón de la casa, aseguré, con los sillones de la sala la puerta principal (sería la alarma por esa noche), ¡hasta preparé el cuchillo más filoso de la cocina y me subí con él! Creo que he visto demasiadas películas...
Encendí mi radio de pilas para continuar escuchando noticias; eran las mismas, lluvia, destrucción y más lluvia...en ese orden.
Dieron la 1:30 a.m. y yo todavía despierta, al pendiente de cada ruido y noticia. La lluvia caía con más fuerza aún, ¡como si eso fuera posible!
Me venció el sueño cerca de las 3:00 a.m. y no volví a saber de mi hasta las 6:30 de la mañana, cuando el Snoopy me despertaba con desesperación para ir al baño. Salimos al patio y para mi sorpresa había un silencio como nunca en la ciudad. No se escuchaban carros, pues la carretera estaba cerrada y las calles inundadas, las pocas que quedaron, por fin había ausencia del sonido de ambulancias, no había lluvia...ni una gota que cayera del techo. El día tenía otro aspecto; más alegre, menos intimidante.
Después de recorrer el parque con mi perrito, me armé de valor y fuí a explorar la colonia y el súper que está frente a la casa...oh sorpresa, la gente en pánico total abarrotó el establecimiento; las líneas para pagar le daban la vuelta a la misma tienda, gente con carritos rebosando de víveres, anaqueles semi vacíos, mientras otros, en el departamento de electrónica miraban con atención las noticias proyectadas en una televisión. Me salí, en realidad no había nada urgente que conseguir. El estacionamiento repleto y seguían entrando carros apresurados por ir y tomar ese último paquete de algo, eso que los haría sentirse más seguros. En el cielo, como ya hacía 15 min., volaba un helicóptero. Pensé: estoy en un estudio de alguna película de Hollywood.
Me regresé a casa un poco "sacada de onda" por lo que vi. Entré para darme cuenta, una vez más, de lo real y protector que es Dios con los suyos.
Mi teléfono, sin presumir, mi iPhone, necesitaba recarga de batería. No había servicio de electricidad, desde la noche anterior; asombrosamente, el único aparato (eléctrico, que requiere estar conectado a la luz) que encendía fué mi reproductor de cd´s, el cual tiene una entrada para conectar el iPhone, que a su vez carga la batería. Sigo diciendo: ese aparato estaba conectado a Dios.
El congelador estaba lleno de comida (carne para prepara y comida chatarra, de esa que es muy rica y ya venden congelada). Ya era mediodía, desde la noche anterior sin luz...chequé la comida del congelador esperando una peste por la desomposición del contenido...todo seguía congelado. Me senté en mi "escalón del pensamiento", osea, el segundo escalón de mi casa y le di gracias a Dios por su cuidado, sin poder evitar las lágrimas. Y esque cuando tus ojos humanos pueden ver a un Dios tan amoroso, no te queda mas que decir GRACIAS con todo lo que eres. Al poco rato volvió la luz.
Son las 12:30 a.m., hoy fué un día tranquilo, la etapa crítica parece haber pasado, aunque sigue la alerta en toda la ciudad y los destrozos continúan incomunicándonos, irónicamente, aún no hay agua en la casa, como sucede en la mayoría de hogares de aquí. Sigo al pendiente de todo, aunque dentro de mi hay una sensación incomparable de paz, mi organismo sigue liberando la tensión de las pasadas horas, no concibo el sueño. Pero dentro de mi hay un GRACIAS DIOS tatuado que se perfeccionó con esta cortina de agua que se hospedó por un rato en N.L y parece haberse ido ya.

Quiero dar infinitas gracias a ustedes que con sus llamadas, mensajitos al celular, correos y comentarios en facebook, me hicieron sentir cuidada y amada. Fueron un instrumento de Dios para mi vida. De verdad, sus corazones son de oro.
NOTA (añadida el 12 de Julio) - Duramos sin servicio de agua un total de 6 días, pero gracias a Dios nunca nos faltó.